Hoy se cumplen 54 años desde que Barrabases inició su andar en los kioskos chilenos. Desde entonces mucho se ha tejido y aún ahora hay gente que mantiene viva la pasión por el mejor equipo chileno de la historia.
Y es que Barrabases no es un fenómeno aislado, pues son varias las generaciones que disfrutaron su niñez junto a las historias de Torito, Bototo y Guatón. Mi hermano mayor bordea los cuarenta y vivió la mejor etapa de la serie, esa tercera época donde Pirulete fichaba por el Cosmos y donde Sam se ponía cachetón. Ocho años después de esa gran etapa de la revista, sería mi turno de volverme fanático, viendo como a Barrabases se lo bailaba un huasito con ojotas o como los rojos ganaban un partido épico en medio de un diluvio que haría temblar al mismo Noé. Este ejemplo familiar me permite ilustrar como una revista ha acompañado a los futboleros chilenos por más de medio siglo, animando sus tardes en una infancia donde pareciera que todo es posible, donde Chile podía ganar la Copa del Mundo y donde en cada Libertadores éramos candidatos al título.
Barrabases realizaba nuestros sueños de gloria antes de que a golpes y porrazos nos diésemos cuenta que el equipo de Villa Feliz sólo era ficción. Sin embargo, la fuerza con que dicha ficción entró en el subconciente de sus lectores hace que incluso ahora, en pleno 2008, sigamos añorando ese futbol perfecto donde un equipo de provincia se daba el lujo de vencer a Jeta juniors, al Barcelona de Romario o a la mismísima Holanda de Cruyff.
Es por eso que sólo puedo decir una cosa: feliz cumpleaños Barrabases.
